“Quien siembra vientos cosecha tempestades”, y eso parece estarse cumpliendo en Los Ángeles con los acontecimientos de los últimos 4 días. Parecía que Trump seguiría los pasos de Ronald Reagan con una reforma migratoria integral que aliviaría el tema de la inmigración ilegal, y a partir de ahí implementar mano duro, pero hizo todo lo contrario, mordió la mano que lo apoyó. Sus mismos promotores en las elecciones pasadas han sido echados del país como perros con sarna, y los agentes (en su mayoría blancos) hacen uso de una violencia innecesaria.

Tal como ocurrió el viernes por la noche, y durante el sábado, este domingo se registraron nuevos choques entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad, que utilizaron granadas aturdidoras y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud que protestaba por las políticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), especialmente por la detención de inmigrantes indocumentados.

En medio de las tensiones en el centro de Los Ángeles, Trump dijo este domingo que las tropas enviadas garantizarían “una ley y un orden muy fuertes”, aunque pareció dejar la puerta abierta para desplegar soldados en otras ciudades.

“Hay gente violenta, y no vamos a permitir que se salgan con la suya”, dijo a los periodistas en referencia a quienes protestaban contra las redadas de agentes de inmigración en California. “Creo que veremos un orden público muy estricto”.

Pero parece que esa solución está lejos de verse. Esto apenas empieza porque más que una redada migratoria la comunidad hispana lo ha sentido como una campaña agresiva, racista e inhumana, y parece que no se quedarán con nada.