El asesinato de dos empleados de la embajada de Israel frente al Museo Judío Capital en Washington desató una ola de condenas por parte de líderes internacionales, que denunciaron el crimen como un acto de antisemitismo y exigieron justicia inmediata.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó el ataque como «un crimen de odio antisemita» y afirmó que hechos como este “deben terminar ya”. En un mensaje difundido a través de Truth Social, el mandatario expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas y aseguró que “el odio y el radicalismo no tienen cabida en Estados Unidos”.
Desde Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu denunció el crimen como evidencia del “precio terrible del antisemitismo y la incitación salvaje contra el Estado de Israel”. En un comunicado, afirmó que “los libelos de sangre contra Israel están en aumento y deben ser combatidos hasta el final”, y ordenó reforzar la seguridad en las embajadas del país.





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