La semana pasada, Marco Rubio visitó Barranquilla, Quito y Lima. Esta es su cuarta gira por América Latina y el Caribe como Secretario de Estado de los Estados Unidos. Su mensaje fue poderoso y consecuente con las otras señales enviadas por el presidente Donald J. Trump: la región es una prioridad para Washington y la seguridad es el punto principal de la agenda.

Unas pocas cifras bastan para explicar por qué este mensaje encuentra eco en los gobiernos y en los pueblos de la región. En el 2023, Colombia reportó un alarmante incremento en producción de cocaína: un récord histórico de 2.664 toneladas (casi 1.000 más que el año anterior). Perú es, después de Colombia, el segundo productor mundial. Se estima que el 70% de la producción de cocaína de estos dos países transita por territorio ecuatoriano en su rumbo a Estados Unidos, Europa y Asia.

Ese es el escenario en que el Secretario Rubio anuncia el respaldo de Estados Unidos: recursos, inteligencia, cooperación institucional y, cuando sea necesario, capacidad operativa. La administración del presidente Trump ha entendido algo que durante demasiado tiempo Washington olvidó: la seguridad de sus vecinos no es un asunto periférico de política exterior

Fuente: INFOBAE