Hoy comienza el Mundial de Fútbol, la fiesta esperada cada cuatro años por miles de millones de personas. Un Mundial particular que comparten tres países y con características especiales que muchos podrían considerar raras. La sombra de la desconfianza se ha dejado de ver en distintas formas y el ambiente resiente esta particular situación.
Estados Unidos, uno de los países anfitriones, se encuentra en medio de conflictos bélicos, políticas migratorias agresivas, amenazas y severas restricciones a todo nivel. México por su parte enfrenta problemas de logística e incapacidad para proporcionar condiciones necesarias a los invitados, hasta multas descabelladas por la transmisión de los partidos. Por otro lado, los precios de las entradas son los más caros en toda la historia de la justa futbolística.
Hay mucha expectativa más allá de los resultados deportivos. Zozobra en algunos casos, descontento en otros y resignación en la mayor parte. Lo que debería ser una alegría colectiva se ha convertido en una desconfianza solapada, habrá que esperar un mes completo para saber si ha valido la pena o si en fútbol ha entrado en una especie de duelo que entristece más que dar alegría.
Fuente: REDACCIÓN CENTRAL





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