Por estos días, Francia está viviendo una feroz crisis social, la que emula el movimiento de los chalecos amarillos que tuvo lugar en 2018. Los azares del calendario hicieron coincidir este nuevo estallido social francés con la conmemoración del estallido social chileno de octubre de 2019..

El fenómeno es increíble: 600.000 personas protestando pacíficamente por el costo de la vida y, al mismo tiempo, escenas de saqueos y violencia que a ratos superan la imaginación. Las imágenes que circulan por todo el mundo son impactantes: desde el incendio del municipio de Limoges una ciudad relevante con mucha historia, cuya municipalidad era un monumento nacional), hasta saqueos y asaltos a supermercados, pasando por pequeños comercios y tiendas de lujo. Es decir todo era objeto de furia.

El fenómeno no es nuevo en Francia, un país con tradición en materia de revoluciones (la contabilidad no es fácil de llevar desde la revolución de 1789, entendiendo que 1830, 1848 y 1871 son revoluciones consagradas) y de convulsiones sociales: muchos intelectuales han especulado sobre un inconsciente revolucionario francés que cada cierto tiempo se reactiva

Fuente: EL PAÍS