Cada uno puede elegir el topicazo que más le guste: «un polvorín», «un barril de dinamita», «un monte seco a punto de arder»… Todos y cada uno de ellos se repiten cuando los ceutíes intentan describir la tensión que va envenenando su entorno. Sus 84.000 habitantes contemplan cómo su pequeña ciudad, que se enorgullece de la tradicional convivencia entre múltiples culturas, se va enredando en una espiral tóxica que nadie parece capaz de frenar.
De momento no se ha producido el escenario más temido: un estallido de violencia a gran escala, sin embargo, la ciudad ya acumula cinco días seguidos de una violencia «de baja intensidad» que preocupa a las fuerzas del orden público. Hablamos de ataques de los inmigrantes contra el Ejército, sí, pero también de docenas de agresiones sexuales, de disparos al aire para dispersar multitudes o de conatos de agresiones racistas contra los recién llegados.
Estos episodios suponen un intenso riesgo de escalar rápidamente hasta convertirse en tumultos graves, según el diagnóstico de los expertos en seguridad ciudadana que analizan la evolución de la ciudad.
Fuente: EL MUNDO





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