La iglesia de la pastora Dianne García, en San Antonio, Texas, ha perdido a 32 de sus colaboradores activos desde que el presidente Donald Trump volvió a la Casa Blanca: han sido detenidos por agentes migratorios y casi todos, deportados. Entre sus feligreses, que suman unas 500 familias migrantes, calcula que uno de cada cuatro tiene a alguien detenido o que ya ha sido expulsado de Estados Unidos. Como consecuencia, hay unos 50 niños de su comunidad que viven sin alguno de sus padres. Las cifras no están solo en su cabeza. Ella ha ido registrando cada detención y expulsión en tablas de Excel para entender la magnitud de la ayuda que se necesita.
“Hay muchas más familias en situación de crisis aquí en la ciudad por lo que está haciendo el ICE. Algunos me dicen: ‘Es como si nos estuvieran cazando como animales en las calles’”, cuenta la pastora desde su iglesia, a la que ha bautizado como ‘la iglesia de los migrantes’.
Ella, una estadounidense cuya madre nació en Ecuador, fundó esta comunidad religiosa menonita en 2023 junto a cuatro mujeres recién llegadas a Estados Unidos con sus familias desde Venezuela, Honduras, República Dominicana y Haití. La ayuda que brindaron en ese tiempo era para facilitar a los migrantes su estancia inicial en el país, entre otras cosas, conectándoles con la red de albergues que dispuso la propia ciudad.
Fuente: EL PAÍS





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