El primer romance de la adolescencia sienta un precedente importante para el desarrollo de las y los hijos, pues “les da un valor de reconocimiento a su persona y su esencia”, según la psicóloga, Ana Villafañe. Esto porque aquella novia o aquel novio se convierte en el primer individuo, fuera de la familia, que lo quiere por ser él o ella misma.
Sin duda, es una etapa de experimentación; de prueba y error, y de novedad. Por ello es crucial el rol de padres y madres: respetar su espacio y autonomía, pero desde una distancia adecuada para estar al pendiente de eventuales red flags que, por la ilusión del “primer amor” e inexperiencia, los jóvenes pudieran pasar por alto.
El estudio de la también presidenta del Laboratorio de Investigación de Prácticas Informadas sobre el Trauma (TIP por sus siglas del inglés) identificó las siete violencias que por falta de experiencia; por amor a su pareja, o, quizás, por miedo a la reacción de mamá y papá, las y los hijos ignoran o aguantan en silencio.
Fuente: MILENIO





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