La adicción a las redes sociales podría reproducir el patrón histórico del tabaco: una caída general en el consumo respaldada por políticas, evidencia científica y presión de pares, pero acompañada por la persistencia entre los sectores más pobres. En Financial Times, Sarah O’Connor advierte que “los productos adictivos pueden sobrevivir mucho tiempo después de dejar de ser mayoritarios. Y si son adictivos y dañinos, pueden convertirse no solo en un espejo de las desigualdades sociales, sino en un amplificador de ellas”.

Durante el siglo XX, casi la mitad de los adultos en Estados Unidos eran fumadores, según reconstruye O’Connor. La proporción terminó por caer a solo 13% en 2020, pero este descenso arrastró una trampa: la prevalencia del tabaco se quedó anclada en los grupos sociales más pobres. “Romper con los hábitos poderosamente adictivos —o no desarrollarlos en primer lugar— es más difícil si tienes menos acceso a educación, pares que te acompañen y servicios de salud”, afirma.

Fuente: INFOBAE