El triunfo de España lo celebramos todos menos Argentina, porque fue la conquista del juego colectivo, de la propuesta, de no rendirse aunque te anulen goles válidos, y de la categoría y clase en la cancha. El campeonato de la Furia Roja fue lo mejor que le pudo pasar al Mundial 26.

Argentina trató de ganar desde la boca, hablaron en la cancha más que lo que jugaron. No dispararon ninguna vez a portería, primera vez que sucede en una Final de Copa del Mundo desde que se lleva registro (1966). Un planteamiento cobarde, que buscó llevar hasta los penaltis la definición del título.

Y después, jugadores como Paredes golpearon al rival en clara señal de frustración. Malos perdedores. Encima, después de que España les hizo pasillo, los argentinos se fueron con su porra y le dieron la espalda a la ceremonia del trofeo de la Furia Roja.

Como para Argentina el futbol significa tanto, al perder el título, perdieron todo, la razón, la educación, los valores, la clase. La dignidad. Irse a los extremos, incluso en la pasión por este deporte, no tiene resultados positivo.

Fuente: RÉCORD