El público mexicano arropó fervorosamente al combinado persa tras las agresivas medidas unilaterales impuestas por el gobierno norteamericano en el arranque de la Copa del Mundo. Las autoridades estadounidenses desterraron al equipo obligándolo a dormir en Tijuana, negaron visados a preparadores técnicos y vetaron el ingreso de la hinchada iraní a los estadios de Los Ángeles y Seattle. El hostigamiento político institucional contrastó con el masivo respaldo civil azteca, que transformó la frontera en el búnker de apoyo a la escuadra asiática.

Los aficionados latinoamericanos colmaron los entrenamientos y replicaron el clamor popular en las gradas californianas durante el debut deportivo frente a Nueva Zelanda. El seleccionado agradeció las muestras de solidaridad en medio del cerco logístico que empaña la organización compartida del torneo.

Fuente: REPÚBLICA LATAM