La administración Trump ha querido venderse como dura, enérgica contra sus enemigos, muy moral, limpia y con muchos atributos más, pero en la práctica ha sido todo lo contrario. Por un lado, Marco Rubio los clasifica como “enemigos de la humanidad”, por el otro Richard Grenell (enviado especial de la Casa Blanca para Venezuela) negocia con el régimen de Nicolás Maduro, a pesar de la cacareada frase: “No negociamos con terroristas”.
Joseph Saint Claire, exmiembro de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y detenido por la dictadura, fue liberado recientemente en la isla caribeña de Antigua en una negociación directa. Expertos en política internacional deducen que esta liberación se genera producto de una extensión de dos meses más a Chevron para seguir operando en suelo venezolano, aunque ellos afirmen que es una “extensión” para terminar las operaciones. “Es un disfraz de su incapacidad ante la dictadura”, afirmaron.
Todo apunta a que el gobierno de Trump no está interesado en democracia ni en derechos humanos, lo más importante es el dinero y si para conseguirlo han de negociar con el mismo diablo, simplemente lo harán. A esto hay que sumarle la terminación del TPS de los venezolanos para más de 350 mil personas que están en los Estados Unidos, y esto indica que aquí el arrodillado no es Maduro, sino Trump.





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